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LA CINTILLA ILIOTIBIAL

En los últimos años, ha habido un aumento significativo de la práctica de actividad física en la población. Las actividades más realizadas son sobre todo, las relacionadas con la carrera (running). Este tipo de actividades nos reportan muchos beneficios: mejora de la salud, prevención de enfermedades, alivia estrés, fortalecimiento de las estructuras óseas, etc, pero a su vez, pueden causar lesiones de la extremidad inferior por sobreuso, y concretamente en la zona de la rodilla (Rieger, 2014). En CLOCKWORK, focalizamos el trabajo en el rendimiento de nuestros alumnos (con las cargas de entrenamiento que ello conlleva), pero a su vez, no dejamos de lado la prevención de lesiones y la readaptación de las mismas. La mayoría de nosotros hemos padecido o hemos visto de cerca, lesiones en el tren inferior, sobre todo al iniciarnos en la carrera o en los periodos con más carga.

A continuación presentamos las más frecuentes según Armengol (2012):

  • Isquiotibiales: Se producen por descompensanciones entre cuádriceps y los propios músculos isquiotibiales, a parte de deficiente trabajo excéntrico.
  • Lesión de rodilla: Inflamación en cartílago, generalmente debida a una técnica deficiente y debilidad en glúteo y cuádriceps.
  • Periostitis tibial: Muy común en corredores novatos, exceso de entrenamiento, impactos o tipos de calzado o exceso de entrenamiento.
  • Fascitis plantar: Inflamación de la fascia, desde talón a los dedos debida a un mal calzado o exceso de entrenamiento.
  • Síndrome de la cintilla iliotibial: Lesión típica en corredores. Inflamación de la parte lateral de rodilla, producida sobre todo, por la fricción de la banda iliotibial contra el cóndilo lateral femoral.
  • Fracturas por estrés: Producida por presión acumulada en tibia, metatarsos y calcáneos, principalmente.

De todas ellas, profundizaremos en la lesión de la cintilla iliotibial, una de las más comunes en los corredores principiantes.

El síndrome de la cintilla iliotibial, también conocido como síndrome de la banda iliotibial o síndrome de la rodilla de corredor, es un cuadro clínico frecuente, sobre todo en deportistas que participan en actividades físicas de resistencia. Se caracteriza por dolor agudo en la cara externa de rodilla, el cual se ha asociado con una flexo-extensión repetitiva de rodilla en combinación con una cintilla iliotibial tensa.

Es la causa más común de dolor en la cara lateral de la rodilla, con una incidencia entre 1,6% y 12% de la lesiones en corredores. También suele diagnosticarse a menudo en ciclistas, con una prevalencia entre el 15% y 24%. Se establece que el síndrome de la cintilla iliotibial alcanza el 22% de las lesiones de la extremidad inferior.

Ya en 1975, Renne lo  describió como una situación dolorosa e incapacitante en la región externa de la rodilla al soportar peso a 30º de flexión de la rodilla y la exacerbación de dolor después de un entrenamiento de resistencia, en una muestra de pacientes del cuerpo de marines de EEUU. Actualmente, a raíz de este estudio, se emplea de test de Renne para identificar el dolor en el síndrome de la cintilla iliotibial, que consiste en la aparición de dolor a lo largo de la cintilla iliotibial cuando el paciente realiza una flexión activa de rodilla alrededor de los 30º( Varela, 2015).

La estabilidad del muslo y la cadera cuando corremos está garantizada por la fuerte “fascia lata” que llega hasta la cara externa de la rodilla y que puede inflamarse incapacitando al atleta para la carrera rápida.

Desde los glúteos a la rodilla, por la parte externa del muslo, transcurre un tracto fibroso llamado “fascia lata” que, con extraordinaria fuerza, tira de la rodilla, enderezándola en la extensión de la pierna, resultando por este motivo muy importante su función en el desarrollo de la zancada al correr. Se puede ver a esta formación fibrosa sobresalir como una banda fuerte y tensa justo por el lado externo del muslo y rodilla, especialmente en atletas musculosos. Cerca de la rodilla, el “tracto iliotibial” pasa por encima del borde externo del fémur y tiene debajo pequeñas bolsas de fluido para amortiguar el roce sobre dicho hueso.

Un cambio en la pauta normal de nuestros movimientos por correr sobre superficie muy dura (asfalto) o muy blanda (terreno embarrado), por correr en fuertes pendientes (carrera de montaña) o sencillamente por aumentar la intensidad de los entrenamientos hace que haya fricción entre la “cintilla iliotibial” y los tejidos adyacentes originando inflamación y dolor muy invalidante para el corredor.

Un dolor que se presenta súbita o gradualmente cuando intentamos correr o si estamos descansando, cuando hemos andado mucho o hemos estado mucho tiempo de pie, nos hace sospechar esta afección característica de la carrera a pie. Está muy localizado en la parte externa de la rodilla, extendiéndose bajo el borde inferior de la rótula hasta el mismísimo tendón rotuliano, con el que puede imbricarse falseando el diagnóstico. Es un dolor que comienza casi al empezar a correr y a los pocos minutos impide seguir. Su intensidad aumenta con las irregularidades del terreno y corriendo cuesta abajo. Cede con el reposo y vuelve con el ejercicio.

La mayoría de las veces se siente un “clic” característico que acompaña a la sensación de roce doloroso cuando hacemos zancada, al flexionar y extender la rodilla, por roce con la parte prominente del borde del fémur.

Ubicación de la cintilla iliotibial y zonas de dolor en el síndrome de la cintilla iliotibial (Silvan,2001).

El tratamiento conservador responde satisfactoriamente en el 94% de los casos reservándose la intervención quirúrgica para procesos de SCIT que tienen sintomatología y la limitación funcional de más de 6 meses de evolución a pesar del tratamiento conservador.

Las guías clínicas recomiendan en un estadio agudo: la modificación de la actividad, masaje con hielo local, modalidades terapéuticas para disminuir la inflamación local (ingesta de antiiflamatorios no esteroideos y/o inyección de corticosteroides en casos severos). En una fase subaguda se proponen programas de estiramientos, terapia manual de los tejidos blandos y ejercicios progresivos de fortalecimiento.

REFERENCIAS:

Armengol, J.C. (Marzo 26, 2012). 16734 campeones en la calle. El periódico de Catalunya. Recuperado de http://www.elperiodico.com/es/noticias/deportes/16734-campeones-calle- 1588090.

Camarena, D. S. B., & Rieger, E. D. PROPUESTA PREVENTIVA PARA EL SÍNDROME DE LA BANDA ILIOTIBIAL EN CORREDORES DE FONDO ADULTOS.

Silván, H. (2001). Manual de lesiones del corredor. Prevención y tratamiento Grupo Arthax. Madrid.

Varela, M. S. (2015). Caso clínico: síndrome de la Cintilla Iliotibial. REDUCA (Enfermería, Fisioterapia y Podología), 7(2).

INESTABILIDAD CRÓNICA DE TOBILLO

La inestabilidad crónica de tobillo: el tobillo, la articulación más importante en el apoyo del pie en el suelo, y por tanto, de la marcha. El tobillo es una articulación móvil, que a su vez necesita mucha estabilidad. Del mismo modo, es una estructura compleja y singular, y para entender su funcionamiento es necesario repasar su mecánica.

El tobillo es la articulación más estable del cuerpo humano. Esta estabilidad es debida a: la configuración ósea entre mortaja tibioperonea y la cúpula astragalina, las estructuras cápsuloligamentosas y tendones. Además el complejo lateral ligamentoso funciona como una única unidad funcional y es el más implicado en los fenómenos de inestabilidad (Sous, Navarro, García, Brito y Ruiz, 2011).

Datos importantes para entender mejor esta estructura:

  • El pie está formado por 26 huesos, más la tibia y el peroné (que se suman al tobillo).
  • El tobillo es una articulación con una fina capa de cartílago pero muy resistente.
  • Grosor medio del cartílago en el tobillo es de 1,6 mm (6-8 mm en la rodilla).
  • Soporta mucha más carga que ninguna otra articulación del cuerpo humano: entre 5 y 7 veces el peso corporal en la fase final del ciclo de la marcha (3/4 veces rodilla y 2/3 veces en la cadera).
  • Su extensión es similar a cadera y rodilla pero su superficie de contacto durante el momento de carga es un tercio de las anteriormente citadas.
  • Se le considera una articulación biplanar, dos planos (sagital y rotación).
  • Gracias a su complejo sistema, se permite una transmisión progresiva de las cargas desde el retropié hasta el antepié.

BIOMECÁNICA BÁSICA DE LA ESTRUCTURA

Esta articulación consta de tres ejes (Kapandji, 1998):

  • Eje transversal pasa por los dos maléolos y corresponde al eje de la articulación tibiotarsiana (tibia-tarso). Condiciona los movimientos de flexión y extensión del pie en plano sagital.
  • El eje longitudinal de la pierna es vertical, condiciona movimientos de aducción-abducción del pie en su plano transversal y que se hacen con una rotación de rodilla flexionada.
  • El eje longitudinal del pie es horizontal y el del plano sagital. Permite orientar el pie directamente hacia abajo, hacia fuera o hacia dentro (pronación y supinación).

3 Ejes principales del complejo articular del pie (Kapandji, 1998)

 

Posición neutra y movimientos de flexión y extensión de tobillo

INESTABILIDAD CRÓNICA DE TOBILLO

Los esguinces de tobillo el tipo de lesión más frecuente derivada de la práctica deportiva (hasta un 22% total de las lesiones)

El síndrome de la inestabilidad crónica de tobillo es la incapacidad para mantener la movilidad normal del tobillo, perdiendo el control del mismo en determinadas situaciones lo cual se traduce en esguinces de repetición y en una sensación constante de inseguridad durante la realización de ciertas actividades funcionales. (Cruz-Díaz, 2013)

Uno de los problemas principales de los esguinces de tobillo es alto índice de reincidencia de los mismos, ya que si se ha padecido alguno previamente, hay una probabilidad del 80% de volver a padecerlo. Por tanto, podríamos decir que en el síndrome de inestabilidad crónica de tobillo encontraremos estos síntomas:

  • Laxitud ligamentosa
  • Pérdida de propiocepción
  • Disminución de rango de movimiento
  • Edema permanente
  • Aparición de dolor durante ciertas actividades
  • Sensación de inestabilidad

¿A qué se debe la aparición del Síndrome de Inestabilidad Crónica?

Se pueden distinguir principalmente dos factores, intrínsecos y extrínsecos. Los factores intrínsecos puede ser:

  • Aumento de la fuerza de eversión a inversión
  • Aumento de fuerza de la flexión plantar
  • Ratio entre la fuerza de flexión y extensión plantar
  • Miembro dominante
  • Alineamiento de la articulación del tobillo
  • Forma de la bóveda plantar
  • Control postural
  • Etc…

Asimismo, entre los factores extrínsecos podríamos destacar los siguientes:

  • Tipo de actividad realizada
  • Tipo de suelo
  • Tipo de calzado
  • Etc…

Así pues, otro tipo de factores influyentes en la aparición del Síndrome de Inestabilidad Crónica son los congénitos (en función de cada persona).

TRATAMIENTO

A día de hoy, prácticamente todos los casos (exceptuando los más graves en los que hay una importante lesión de las estructuras ligamentosas en los que sí es recomendable la cirugía), son abordados mediante un tratamiento conservador. Estos tratamientos conservadores, ofrecen mejores resultados que inmovilizar absolutamente con escayola (Cruz-Díaz, 2013).

Existen dos tipos de terapias que se han demostrado que son eficaces para el tratamiento de este síndrome:

  • El entrenamiento propioceptivo: Una lesión implica, en la mayoría de los casos, un estiramiento del ligamento encargado de mantener la estabilidad del tobillo (suele ser el ligamento lateral externo, que se opone a una inversión forzada). Al producirse este movimiento, los receptores propioceptivos pueden no llegar a recuperarse a la vez y necesitan un tratamiento específico para optimizar rendimiento (entrenamiento propioceptivo). Las investigaciones concluyen que este tipo de entrenamiento resulta eficaz para la estabilidad dinámica de los pacientes, y mejora la sensación de inestabilidad de los mismos.
  • Movilización articular: Hay varias técnicas de terapia manual para la recuperación de lesiones articulares, ligamentosas, etc. Pero principalmente son dos las más utilizadas cuando se habla de tratar el síndrome de la inestabilidad crónica del tobillo: la propuesta de Mulligan (MWM) y la movilización osteopática (OM), realizadas por profesionales de la fisioterapia principalmente. Los estudios concluyen que este tipo de terapias mejoran la sensación de inestabilidad subjetiva y sobretodo, que los efectos conseguidos tras el tratamiento se pueden mantener hasta 6 después de su aplicación,

“El tobillo es la pieza más perfecta de ingeniería”.                                                                 

                                                   (Leonardo Da Vinci)

 

REFERENCIAS

Cruz-Díaz, D. (2013). Inestabilidad crónica de tobillo: tratamiento mediante movilizaciones articulares y un programa de entrenamiento propioceptivo. Validación de la versión española del cuestionario» Cumberland Ankle Instability Tool».

Kapandji IA. Fisiología articular: esquemas comentados de mecánica humana (tomo 2), 5a ed. Madrid: Editorial Médica Panamericana; 1998

Sous Sánchez, J. O., Navarro Navarro, R., Navarro García, R., Brito Ojeda, M. E., & Ruiz Caballero, J. A. (2011). Bases biomecánicas del tobillo. Canarias médica y quirúrgica.

LESIONES DE «SLAP»

¿QUÉ ES LA LESIÓN DE SLAP?

El hombro es una articulación como mucha movilidad (muchos grados de libertad) y muy susceptible a presentar lesiones en la práctica deportiva debido a su anatomía (Cruz, Almazán, Pérez, Sierra, Villalobos, Ugalde y Ibarra, 2009). Durante la actividad, el hombro se somete a fuerzas y tensiones extremas, especialmente cuando se realizan por encima de la cabeza. La frecuencia de las lesiones depende de la edad del deportista y del nivel de la actividad o competición. Del mismo modo, las lesiones más comunes son musculares, ligamentarias, capsulares y neurovasculares.

Las lesiones del labrum superior del hombro, o también conocidas como la lesión de SLAP (Superior Labrum Anterior and Posterior), se empezaron a diagnosticar  con la evolución de las artroscopias (Ayerza, Ayerza y Muscolo, 2000). Son afecciones que presentan, sobretodo deportistas que practican deportes o actividades en las que hay un componente importante de trabajo por encima de la cabeza como los lanzadores, nadadores, jugadores de básket, así como la población en general después de un evento traumático.

Según (Cruz, Almazán, Pérez, Sierra, Villalobos, Ugalde y Ibarra, 2009), hablamos de una lesión en la porción superior del labrum, en la zona de inserción de la porción larga del bíceps. Se produce con frecuencia en pacientes con actividades deportivas por arriba de la cabeza, generalmente por lesiones por tracción o compresión y de acuerdo a su extensión las clasificamos en:

Tipo 1: Es el tipo más común (75%). Consiste en deshilachamiento degenerativo, sin desinserción.

Tipo 2: Se presenta una desinserción del rodete glenoideo y la inserción del bíceps. El manejo es con reinserción del bíceps.

Tipo 3: Lesión en asa de balde con inserción intacta del bíceps. Se puede realizar desbridamiento.

Tipo 4: Lesión en asa del balde con extensión a la inserción del bíceps. Lesiones menores del 30% se pueden resecar; sin son mayores de 30% en pacientes jóvenes se debe reparar y en pacientes mayores se desbrida y se realiza tenodesis.

Se puede dar el caso de haber lesiones complejas, como 2 y 3 ó 2 y 4.

Vista antero posterior del labrum superior

Es una lesión difícil de detectar y por la luz que arrojan los estudios, también difícil de describir, ya que los autores de las investigaciones difieren sobre la misma. Así pues, existe otra clasificación según los siguientes autores:

Según Synder

Tipo I: Labrum superior deshilachado de apariencia degenerativa, pero con inserción completa a la glenoides.

Tipo II: Deshilachado del labrum superior, pero lo característicos es la desinserción del labrum y del ancla del bíceps de la glena superior.

Tipo III: Un desgarre sobre la porción superior del labrum semejante a la lesión en asa de balda del menisco en la rodilla.

Tipo IV: Un desgarre vertical del labrum superior, el cual se extiende hacia el tendón del bíceps. El tendón desgarrado del bíceps tiende a desplazarse junto con el labrum superior hacia el interior de la articulación glenohumeral. Sin embargo, el ancla del bíceps largo permanece insertada en la porción superior de la glena.

Cuatro tipos de lesión de SLAP

Según Maffet

 Tipo V: Es una lesión anteroinferior del labrum tipo Bankar, la cual se extiende hacia la porción superior, involucrado el ancla del bíceps largo.

Tipo VI: Es una lesión del labrum superior tipo flap, la cual es inestable, separada del ancha del bíceps largo.

Tipo VII: Es la desinserción del ancla del bíceps largo, la cual se extiende por debajo del ligamento glenohumeral medio.

Según Norv y Ryu

Tipo VIII: Es una lesión con extensión sobre el labrum posterior, llegando hasta las “6”.

Tipo IX: Es un desprendimiento del labrum glenoideo en toda su circunferencia, siendo una lesión de 360 grados.

Tipo X: Es caracterizada por una lesión en parte del labrum, asociada a una lesión posteroinferior del labrum (Bankart Invertido).

Hombro sano / hombro lesionado

¿CÓMO SE PRODUCE LA LESIÓN?

La lesión se produce fundamentalmente por dos causas:

  1. Traumatismo agudo, como por ejemplo una caída con flexión anterior del hombro acompañada de abducción de 15 grados o posterior a una tracción axial de la extremidad.
  2. Incremento en la laxitud de la capsula anterior ocasionada por la rotación externa repetida, aumentando la abducción y el contacto interno en la artuculación glenohumereal, provocando un pinzamiento de los tendones del supraespinoso en infraespinoso y el labrum posterior y superior entre la glena y la tuberosidad mayor. ARTICULO OT163D

¿CÓMO DIAGNOSTICAR LA LESIÓN DE SLAP?

Como hemos comentado anteriormente, las lesiones de tipo SLAP son difíciles de detectar, ya que se presentan de forma aislada. Por lo tanto, se deberá valorar la historia deportiva del deportista y explorar de manera minuciosa ambos hombros, comparando el afectado con el sano. La lesiones de SLAP predominan en los lanzadores, sobretodo en el brazo dominante.

El inicio de los síntomas, en la mayoría de los casos viene dado por el uso excesivo y por eso, el paciente difícilmente puede identificarlas. Aunque puedan ir acompañadas de un chasquido, no siempre es un indicativo fiable cuando se realizan lanzamientos o actividades por encima de la cabeza. Con el tiempo el dolor y eso posibles chasquidos evolucionan y se acentúan, además de que aparece una sensación de debilidad que experimenta el paciente en la zona.

¿CÓMO TRATAR LA LESIÓN DE SLAP?

Como en cada lesión, habrá que hacer una evaluación completa, individual y pormenorizada de cada paciente, estudiando su historia clínica, su actividad física, así como el momento de la temporada o periodo de entrenamiento en el que se encuentre (volúmenes, intensidad, descansos…). No obstante, en función del estado de cada paciente, se pueden aplicar dos tipos de tratamientos:

  1. El tratamiento conservador: Para pacientes en los que la lesión es degenerativa o en los que no se puede establecer un momento exacto de la lesión. Básicamente, se realiza una rehabilitación para mejorar la flexibilidad de la cápsula posterior, fortalecimiento del manguito rotador y los estabilizadores de la espalda. Sobretodo para pacientes que vuelven a un nivel deportivo recreacional y presentaron una mejora significativa ante el dolor y la calidad de vida.
  2. El tratamiento quirúrgico: Es recomendable siempre que el conservador no haya dado resultado tras tres meses del mismo y en lanzadores. También sería recomendable siempre que haya atrofia de los músculos supraespinoso e infraespinoso con compresión nerviosa.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

Ayerza, M., Ayerza, I., & Muscolo, L. (2000). Lesión del labrum superior del hombro (SLAP). Consideraciones clínicas y terapéuticas. Rev. argent. artrosc7(1), 4-10.

Cruz, F., Almazán, A., Pérez, F., Sierra, L., Villalobos, E., Ugalde, H. G., & Ibarra, C. (2009). Lesiones en el hombro ocurridas durante la práctica de deportes. Ortho-tips5(1), 65-78.

Valero González, F. S., & Inzunza Enríquez, G. R. (2017). Upper labrum lesions: SLAP. Ortho-tips12(3), 145-155.

EL ESPOLÓN CALCÁNEO

         Como deportistas, o practicantes de actividad física de manera regular, cada vez somos más conscientes, o deberíamos serlo, de la importancia del cuidado de todos nuestros sistemas. Entrenamos, cuidamos la alimentación, el descanso e incluso visitamos a especialistas como fisioterapeutas, readaptadores deportivos y osteópatas para tratarnos lesiones o simplemente prevenirlas, como pueden ser, principalmente, de espalda y de la extremidad inferior de nuestro cuerpo.

         Hoy dedicaremos nuestro artículo al pie, base de sustentación de nuestro cuerpo y que, en ocasiones, pese a que buscamos la mejor sujeción, amortiguación y comodidad para nuestro día a día con un buen calzado, no estamos exentos de sufrir lesiones debido a causas tales como el estrés, una mala pisada o al duro entrenamiento.

         Del mismo modo, una de las diferentes lesiones o patologías que podemos sufrir en los pies y en la que profundizaremos hoy, es el ESPOLÓN CALCÁNEO. Hablamos de una formación que puede aparecer en la parte posterior del pie (talón) y que muchas veces se tiende a confundir con la tan “famosa” fascitis plantar debido a los síntomas.

 

¿Qué es el ESPOLÓN CALCÁNEO?

         El espolón calcáneo es una osificación que se puede localizar en la parte de la planta del hueso calcáneo (talón) o en la cara posterior del mismo y que tiene forma de lanza.

Imagen 1. Espolón calcáneo cara plantar inferior.                    

Imagen 2. Espolón calcáneo cara posterior superior.

 

¿Cómo se produce?.

         Se producen por un exceso de tracción en la zona o también por pequeños, pero constantes traumatismos, donde se inserta el tendón de Aquiles con la fascia que recubre la planta del pie. El hueso se descalifica y el calcio del mismo se adhiere a la zona por la inflamación y de ese modo, forma el espolón. Suele producir dolor durante su formación, aunque lo estudios demuestran que la existencia de un espolón no justifica el dolor en el talón (que puede ser debido al estrés en la fascia plantar). Del mismo modo, hay autores que creen que la formación del espolón es debida a un callo por fractura, y sin embargo otros, afirman que es por una adaptación a la carga, y no por la tracción.

Causas de la formación del ESPOLÓN CALCÁNEO.

         Hay que tener en cuenta que, el espolón calcáneo y las fascitis plantar no son la misma lesión, aunque en ocasiones se confundan, los tratamientos son diferentes.

Así pues, podemos encontrar las siguientes causas:

  • Las alteraciones propias del envejecimiento.
  • Exceso de sales que circulan por la zona calcánea.
  • Enfermedades favorecedoras de sedimentos (enfermedades reumáticas).
  • El sobrepeso.
  • Malos hábitos posturales: calzado inapropiado, mala ejecución de la marcha…
  • Mucha actividad física e impactos repetidos.
  • Inflamación de la fascia plantar.
  • Alimentación.

Sintomatología.

         Dolor muy localizado, intermitente (periodos en lo que aparece y desaparece) y agudo en el talón. Se siente más cuando hay un exceso de la actividad y después de levantarse o estar sentado durante un tiempo prolongado.

Diagnóstico.

         Lo más recomendable es realizar una radiografía, resonancia o incluso ecografía, que son pruebas más específicas y completas.

Posibles tratamientos.

         Aunque no hay un consenso acerca de los tratamientos idóneos a seguir, los más conservadores consisten en pequeños masajes de la zona, estiramientos, tomar plantas medicinales (infusiones), homeopatía, infiltraciones para aliviar el dolor, aplicar rayos infrarrojos e incluso la acupuntura, aunque recientes estudios afirman que entre estos dos últimos, la laserterapia fue la más efectiva.

         Del mismo modo, muy importante cuidar la dieta, siendo esta equilibrada, ya que al haber un problema metabólico, tiene que eliminar la acidez de nuestro organismo y que el riñón trabaje correctamente, es decir, debemos seguir una alimentación con mucha atención en el riñón (siempre que no haya un problema de riñón agudo a tratar por un especialista).

Alimentos a evitar (no abusar):

  • proteína animal: carne roja, marisco, huevos, lácteos…
  • azúcares.
  • sal.
  • café.
  • cerveza.
  • pimiento, tomate, espárrago y espinacas.

Alimentos recomendados (saciantes):

  • frutas, verduras y hortalizas (el resto).
  • arroz.
  • legumbres.
  • frutos secos.

         Si por el contrario, estos tratamientos conservadores no funcionan después de un tiempo estipulado, se debe recurrir a la cirugía.

Consejos contra el dolor.

  • Reducción de los impactos durante la actividad física o descansar.
  • Plantillas especiales, taloneras o calzado con una buena absorción de impactos.
  • Aplicar frío tres veces al día.
  • Dieta equilibrada.
  • Vendajes, estiramientos y pequeños masajes.

Ejercicios recomendados para el espolón calcáneo.

Con la toalla: Situar el pie sobre una toalla colocada en el suelo, e intentar acercarla con la flexión-extensión de los dedos de los pies.

Estiramientos de gemelos: Apoyando las manos sobre la pared, una pierna flexionada y la otra estirada con la planta en el suelo. Aguantamos de 12 a 15 segundos cada pierna. Una alternativa sería, subir a un escalón con la parte de la punta apoyada y la parte del talón suspendida en el aire, descendemos lentamente y mantenemos.

Con pelota o rodillo: Sentado, pisando una pelota de tenis o rodillo, movimientos adelante y atrás, también circulares, realizando pequeños masajes.

CORRER SIN LESIONARNOS

En Clockwork nos encanta correr y somos conscientes de los grandes beneficios que aporta esta práctica deportiva: bajar de peso, mejorar marcas personales, regular el colesterol, mejora física general, ayuda a evadirnos del estrés, etc.

Conforme nuestro cuerpo se adapta vamos mejorando físicamente, superamos nuestras propias marcas personales y queremos más y más. El bajo coste que se necesita para iniciarse en el running ha hecho que se produzca el mayor auge en las últimas décadas de este deporte, pero el desconocimiento y una inexistente o deficiente planificación está favoreciendo la aparición de numerosas lesiones y dolores musculares.

Por ello en el artículo de hoy os queremos dar unos consejos para poder correr y evitar caer en alguna lesión lo máximo posible:

  • Aumenta los kilómetros y la intensidad de forma gradual

Una de las principales causas de las lesiones en los corredores tiene que ver con esto. Incrementar el kilometraje semanal de manera brusca sin considerar que el cuerpo debe descansar para recuperarse y adaptarse al estrés que produce correr, inevitablemente va a llevar a que se produzcan lesiones. De igual forma, entrenar siempre a tu máxima intensidad no producirá mejores resultados. Por el contrario, el estrés elevado al que sometes a tu cuerpo lo va a exponer a desarrollar lesiones por sobreuso o incluso a sobreentrenarte.

  • Trabaja la distancia antes que la velocidad

Normalmente, y más conforme nos hacemos mayores, los corredores se ponen dos grandes objetivos: correr distancias más largas y correrlas cada vez más rápido. Trabajar ambas al mismo tiempo sólo te hará propenso a desarrollar lesiones. Lo recomendado es trabajar primero en el kilometraje y una vez tengas una buena base, comenzar a trabajar en la velocidad.

  • No te olvides del descanso

Correr es una actividad que produce inflamación y micro-desgarros a nivel muscular. A mayor intensidad, mayor será el estrés al cual se somete al cuerpo. El descanso no sólo ayudará al cuerpo a recuperarse de forma apropiada, sino que además va a permitir que se dé el ciclo de sobre-compensación, ciclo que permite que avances en tus entrenamientos y en tu rendimiento. Lo recomendado en este sentido es que al menos haya 1 día completo de descanso en tu plan de entrenamiento.

  • Escucha tu cuerpo

Lo más importante a la hora de entrenar es escuchar al cuerpo. Es normal que después de una sesión intensa de ejercicio, exista cierta molestia a nivel muscular. Antes que se desarrolle una lesión, el cuerpo enviará señales que cierta parte de nuestro cuerpo está siendo sometida a un estrés para la cual no está preparada. Por tanto debemos estar al loro de las molestias que perduran durante varios días después del entrenamiento y saber diferenciar un dolor post-entrenamiento o una posible lesión. ¿Cómo?. Normalmente un dolor post-entrenamiento suele desaparecer en el momento empezamos a entrenar de nuevo con una menor carga. Una posible lesión no ya que son dolores más localizados, perduran más en el tiempo y no desparecen con el inicio de la actividad física.

  • Usa calzado adecuado

Recuerda que no sólo porque unas zapatillas sean para correr significa que son las adecuadas para ti. A día de hoy existe una gran variedad de zapatillas que tienen en cuenta multitud de factores como el peso, la velocidad, la amortiguación, el drop, el tipo de entrenamiento, etc. Acude a una tienda especializada y que te recomiende el profesional cuales son las más adecuadas para ti.

  • Varia el entrenamiento y la superficie

Uno de los pilares de cualquier planificación deportiva. Esto evitará que desarrolles lesiones en un área del cuerpo y ayudará a que veas los resultados del entrenamiento. Recuerda que el cuerpo se acostumbra, así que la importancia de mantener el entrenamiento variado se encuentra allí. Si el cuerpo se acostumbra, tu progreso se estanca. Sal de tu zona de confort

  • Cuida tu alimentación

Casi más importante que el propio entrenamiento. Nuestro cuerpo trabaja con la energía que genera de los alimentos que ingerimos. Llevar una mala alimentación no permitirá que rindamos en nuestros entrenamientos, ni permitirá que nuestros músculos se recuperen de manera adecuada. La alimentación es importante en todas las etapas del entrenamiento y la carrera. Por otro lado, es importante llegar a tu peso adecuado y mantenerlo. Esto ayudará a evitar lesiones y además te ayudará a mejorar tu desempeño.

  • Trabaja la flexibilidad

Posiblemente el elemento más olvidado de casi todos los deportistas y uno de los más importante para evitar lesionarnos. Una musculatura desarrollada, no necesariamente hipertrofiada, y una buena elongación muscular, son condiciones que nos alejaran de las lesiones. Una buena estructura muscular ayudará a soportar la carga de la carrera y ayudará en la amortiguación. Por ello, es importante incluir en el plan de entrenamiento sesiones de fortalecimiento de los principales músculos empleados en la carrera. De igual manera, una buena sesión de estiramiento posterior al ejercicio, ayudará a que estos se recuperen mejor.

 Desde Clockwork os recomendamos que sigáis todos estos consejos para correr libre de lesiones y poder progresar adecuadamente en vuestras carreras.

TENDINITIS DE LA PATA DE GANSO

Cuando hablamos de la pata de ganso nos referimos a un tendón conjunto de 3 músculos de la pierna (sartorio, recto interno, y semitendinoso) que se inserta en la parte interna inferior de la rodilla y aunque su nombre pueda parecer gracioso, los que la han sufrido pueden asegurar que es una lesión muy molesta.

En un deporte como el running las rodillas son las articulaciones que más sufren y donde más lesiones se suelen producir y, por tanto, cuando un corredor se lesiona en dicha articulación supone un verdadero hándicap para éste pues paraliza su planificación y retrasa todo su entrenamiento.

La “pata de ganso” es la forma en la que se conoce al tendón pes anserine o anserina, y recibe este nombre debido a su gran parecido con la forma que tienen las patas de los gansos. Por diversos motivos como traumatismos, exceso de ejercicio, estar mucho tiempo parado… este tendón conjunto se inflama y origina esta tendinitis. Y, además, en esta área existe una bursa (cavidad llena de líquido que actúa como almohadillas y que se sitúan entre los tendones y los huesos favoreciendo un funcionamiento óptimo) que también se inflama, por lo que el termino correcto es una tenobursitis, es decir, inflamación del tendón y la bursa.

En la gran mayoría de las ocaciones comienza con una sensación de dolor de rodilla, preferentemente en la parte interna pero que, si no se trata, se puede intensificar e incluso propagar al resto de la rodilla. Cuando no se trata esta dolencia, como muchos otros problemas  crónicos de la rodilla, termina afectando a la pierna y al tobillo, provocando con cierta frecuencia una asociación de la tendinitis de la pata de ganso con esguince de tobillo u otras lesiones. Además de dolor, el corredor que la sufre puede tener dificultades para la marcha, inestabilidad e incluso puede llegar a renguear. En algunos casos, al apoyar con cierta precaución la pierna del problema comienza a recargar la otra y no es raro que la rodilla que en principio no tenía problema, por dicha sobrecarga también comience a sufrir.

SINTOMAS

  • Dolor en la cara interna y baja de la rodilla, sobre todo al levantarse por la mañana y de cara al final del día. También resulta muy dolorosa la palpación
  • Inflamación localizada
  • Dolor al subir escaleras
  • Dolor al contraer los músculos isquiotibiales

TRATAMIENTO

Desde Clockwork, como siempre, os recomendamos que os pongáis en manos de profesionales y especialistas en lesiones deportivas. Ellos mejor que nadie os van a valorar el grado de lesión y os aplicarán el mejor tratamiento en vuestro caso. Pero además de ello podéis tener en cuenta estos pequeños consejos llegado el momento:

  • Reducir las cargas de entrenamiento hasta que el dolor desaparezca
  • Realizar unos buenos estiramientos de la zona afectada, sobretodo de la musculatura isquiotibial, cuádriceps y músculos de la cadera
  • Aplicar frio o hielo de forma local