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LA IMPORTANCIA DEL GLÚTEO MEDIO

Ya sabemos de la importancia del trabajo de fuerza del tren inferior cuando hablamos de actividades deportivas como correr, ciclismo, etc. Pero sin duda, la musculatura que olvidamos trabajar específicamente son los glúteos.

El glúteo medio es un abductor de cadera que estabiliza la pelvis y controla la correcta alineación del fémur, y consecuentemente la cinemática de todo el miembro inferior. Es decir, va a incidir directamente en todos los patrones de movimiento de los miembros inferiores afectando así a la marcha, la carrera, los saltos y todas las acciones que precisen de equilibrio tanto sobre un pie como sobre los dos. Una disfunción de esta musculatura normalmente está asociada con numerosas deficiencias musculoesqueléticas, especialmente con la articulación de la rodilla.

Por tanto, su entrenamiento resulta esencial en el tratamiento y prevención de lesiones, así como en la potenciación y mejora del rendimiento.

El glúteo medio tiene forma de abanico, es más profundo que el glúteo mayor y más superficial que el glúteo menor. Se inserta en la superficie externa del coxal a lo largo de los tres cuartos anteriores de la cresta ilíaca y aponeurosis glútea y distalmente llega al trocánter mayor del fémur.

Como ya sabemos, los músculos para realizar sus acciones deben trabajar en cadenas musculares con la participación de otros, lo que se denomina sinergia o músculos sinergistas. En este caso, los que conforman esa unidad funcional junto al glúteo medio son el glúteo menor, el tensor de la fascia lata, cintilla iliotibial y en menor grado el sartorio, piramidal y parte del glúteo mayor.

Pues bien, al tener músculos que tienen acciones principales y otros que ayudan (sinergistas), en el momento que los principales se cansan o fatigan por la excesiva demanda física los secundarios deben asistirlos y es ahí donde empiezan a producirse las compensaciones, ya que estos ayudantes no poseen ni la estructura ni la fuerza necesaria para sustituir a los principales.

Patologías asociadas a la debilidad del glúteo medio

  • Fricción de la banda o Síndrome de la banda iliotibial: Se produce cuando esta banda resulta inflamada e irritada por el roce contra el hueso en la parte externa de su cadera o rodilla.
  • La marcha de Trendelenburg: Trastorno de la marcha provocada por la parálisis de los glúteos medios, que produce un movimiento vasculante de la pelvis.
  • Síndrome Femoropatelar: También llamado síndrome de hiperpresión rotuliana externa o condromalacia rotuliana externa, es el dolor de rodilla asociado a la inflamación del cartílago articular, producido por las fuerzas de rozamiento en el cartílago articular de la rótula contra la superficie articular del fémur y la tibia.
  • Lesiones en el ligamento cruzado anterior y otras lesiones de rodilla: Al no ser capaz de estabilizar la rodilla, se produce una rotación de la cabeza del fémur con respecto a la cadera (valgo), que ante un impacto, aumenta potencialmente el riesgo de lesión.
  • Lesiones en la articulación del tobillo: No olvides que el glúteo medio es el principal estabilizador de los patrones de la marcha. Si este falla, se desata una reacción en cadena que afectará en mayor o menor medida al resto de las articulaciones (cadera, tobillo, rodilla).

CORRER SIN LESIONARNOS

En Clockwork nos encanta correr y somos conscientes de los grandes beneficios que aporta esta práctica deportiva: bajar de peso, mejorar marcas personales, regular el colesterol, mejora física general, ayuda a evadirnos del estrés, etc.

Conforme nuestro cuerpo se adapta vamos mejorando físicamente, superamos nuestras propias marcas personales y queremos más y más. El bajo coste que se necesita para iniciarse en el running ha hecho que se produzca el mayor auge en las últimas décadas de este deporte, pero el desconocimiento y una inexistente o deficiente planificación está favoreciendo la aparición de numerosas lesiones y dolores musculares.

Por ello en el artículo de hoy os queremos dar unos consejos para poder correr y evitar caer en alguna lesión lo máximo posible:

  • Aumenta los kilómetros y la intensidad de forma gradual

Una de las principales causas de las lesiones en los corredores tiene que ver con esto. Incrementar el kilometraje semanal de manera brusca sin considerar que el cuerpo debe descansar para recuperarse y adaptarse al estrés que produce correr, inevitablemente va a llevar a que se produzcan lesiones. De igual forma, entrenar siempre a tu máxima intensidad no producirá mejores resultados. Por el contrario, el estrés elevado al que sometes a tu cuerpo lo va a exponer a desarrollar lesiones por sobreuso o incluso a sobreentrenarte.

  • Trabaja la distancia antes que la velocidad

Normalmente, y más conforme nos hacemos mayores, los corredores se ponen dos grandes objetivos: correr distancias más largas y correrlas cada vez más rápido. Trabajar ambas al mismo tiempo sólo te hará propenso a desarrollar lesiones. Lo recomendado es trabajar primero en el kilometraje y una vez tengas una buena base, comenzar a trabajar en la velocidad.

  • No te olvides del descanso

Correr es una actividad que produce inflamación y micro-desgarros a nivel muscular. A mayor intensidad, mayor será el estrés al cual se somete al cuerpo. El descanso no sólo ayudará al cuerpo a recuperarse de forma apropiada, sino que además va a permitir que se dé el ciclo de sobre-compensación, ciclo que permite que avances en tus entrenamientos y en tu rendimiento. Lo recomendado en este sentido es que al menos haya 1 día completo de descanso en tu plan de entrenamiento.

  • Escucha tu cuerpo

Lo más importante a la hora de entrenar es escuchar al cuerpo. Es normal que después de una sesión intensa de ejercicio, exista cierta molestia a nivel muscular. Antes que se desarrolle una lesión, el cuerpo enviará señales que cierta parte de nuestro cuerpo está siendo sometida a un estrés para la cual no está preparada. Por tanto debemos estar al loro de las molestias que perduran durante varios días después del entrenamiento y saber diferenciar un dolor post-entrenamiento o una posible lesión. ¿Cómo?. Normalmente un dolor post-entrenamiento suele desaparecer en el momento empezamos a entrenar de nuevo con una menor carga. Una posible lesión no ya que son dolores más localizados, perduran más en el tiempo y no desparecen con el inicio de la actividad física.

  • Usa calzado adecuado

Recuerda que no sólo porque unas zapatillas sean para correr significa que son las adecuadas para ti. A día de hoy existe una gran variedad de zapatillas que tienen en cuenta multitud de factores como el peso, la velocidad, la amortiguación, el drop, el tipo de entrenamiento, etc. Acude a una tienda especializada y que te recomiende el profesional cuales son las más adecuadas para ti.

  • Varia el entrenamiento y la superficie

Uno de los pilares de cualquier planificación deportiva. Esto evitará que desarrolles lesiones en un área del cuerpo y ayudará a que veas los resultados del entrenamiento. Recuerda que el cuerpo se acostumbra, así que la importancia de mantener el entrenamiento variado se encuentra allí. Si el cuerpo se acostumbra, tu progreso se estanca. Sal de tu zona de confort

  • Cuida tu alimentación

Casi más importante que el propio entrenamiento. Nuestro cuerpo trabaja con la energía que genera de los alimentos que ingerimos. Llevar una mala alimentación no permitirá que rindamos en nuestros entrenamientos, ni permitirá que nuestros músculos se recuperen de manera adecuada. La alimentación es importante en todas las etapas del entrenamiento y la carrera. Por otro lado, es importante llegar a tu peso adecuado y mantenerlo. Esto ayudará a evitar lesiones y además te ayudará a mejorar tu desempeño.

  • Trabaja la flexibilidad

Posiblemente el elemento más olvidado de casi todos los deportistas y uno de los más importante para evitar lesionarnos. Una musculatura desarrollada, no necesariamente hipertrofiada, y una buena elongación muscular, son condiciones que nos alejaran de las lesiones. Una buena estructura muscular ayudará a soportar la carga de la carrera y ayudará en la amortiguación. Por ello, es importante incluir en el plan de entrenamiento sesiones de fortalecimiento de los principales músculos empleados en la carrera. De igual manera, una buena sesión de estiramiento posterior al ejercicio, ayudará a que estos se recuperen mejor.

 Desde Clockwork os recomendamos que sigáis todos estos consejos para correr libre de lesiones y poder progresar adecuadamente en vuestras carreras.

SÍNDROME COMPARTIMENTAL

Hoy vamos a hablar sobre otra lesión bastante común de padecer en deportistas, el síndrome compartimental.

El síndrome compartimental es una afección seria que implica un aumento de la presión en un compartimento muscular. Puede dañar nervios y músculos, al igual que problemas con el flujo sanguíneo. También se le conoce como Síndrome Compartimental Crónico (SCC) y para entender bien esta lesión lo mejor será entender a qué nos referimos cuando hablamos de “compartimento”.

Capas gruesas de tejido, denominadas fascia, separan grupos de músculos entre sí en los brazos y en las piernas. Dentro de cada capa de fascia se encuentra un espacio confinado, llamado compartimento. Este compartimento incluye tejido muscular, nervios y vasos sanguíneos. Para entenderlo mejor, es como envolver con film transparente un filete de ternera. Este film se ajusta al músculo, le sirve de sostén pero además es deformable, lo que le permite adaptarse a los movimientos de los músculos para que se deslicen unos sobre otros sin que exista contacto alguno entre ellos.

Como ya hemos dicho, en el interior de estas fascias deben compartir sitio músculos, nervios y vasos sanguíneos. La fascia, a pesar de su adaptabilidad, tiene una capacidad de dilatación muy limitada, y no deja grandes rangos de expansión. La lesión del síndrome compartimental tiene lugar cuando se produce un aumento de presión en estos compartimentos, ya que debido a la falta de distensión de la fascia, las estructuras, ya sean musculares, nerviosas o sanguíneas, se ven comprimidas.

Cualquier inflamación en un compartimento ocasionará aumento de presión en esa área. Esta presión elevada oprime los músculos, los vasos sanguíneos y los nervios. Si esta presión es lo suficientemente alta, el flujo de sangre al compartimento se bloqueará y esto puede ocasionar lesión permanente en los músculos y los nervios. En los casos más extremos, si la presión se prolonga durante un tiempo considerable, el músculo puede dejar de funcionar y es posible que se necesite tirar de cirugía o incluso amputar para solucionar dicho problema.

Tipos de síndrome compartimental

  • Crónico: En este caso, los daños producidos en los compartimentos son transitorios, como consecuencia de la presión soportada durante el ejercicio físico repetitivo. Suele darse en miembros inferiores fundamentalmente.
  • Agudo: Esta es más grave ya que las secuelas son mayores, aunque afortunadamente es menos común que el SCC. Se puede presentar a cualquier edad y sexo, tanto en miembros inferiores como superiores.

El SCC puede ser causado por actividades repetitivas como correr. La presión en un compartimento únicamente se incrementa durante esa actividad y disminuye después de que dicha actividad se ha detenido.

El síndrome compartimental es más común en la parte inferior de la pierna y en el antebrazo pero también puede presentarse en la mano, el pie y en la parte superior del brazo.

Causas del SCC

Las causas del síndrome compartimental crónico puede ser muchas y muy variadas: origen vascular (trombosis nerviosa), origen óseo (fracturas, estrés tibial o periostitis), origen nervioso (neuropatía)… Pero es el origen muscular el más común de todos. Básicamente es resultado de una actividad física repetitiva.

Por ello, los corredores son los que más la suelen padecer. Durante la carrera, las piernas soportan el impacto de cada zancada, suponiendo esto un microtraumatismo constante y reiterativo. Esta repetición provoca un aumento de la presión en los compartimentos anteriormente dichos que desencadena un proceso de síndrome compartimental crónico.

Pero los corredores no son los únicos que lo sufren. Otros deportistas como escaladores o motociclistas también lo sufren en los antebrazos.

Síntomas del SCC

  • Dolor intenso durante la práctica deportiva o la exposición prolongada a una situación de compresión muscular (estar de pie mucho tiempo, por ejemplo).
  • Sensación de presión o hinchazón en el músculo afectado. A pesar de no existir una externalización evidente del SCC, como un derrame o un abultamiento, los pacientes de esta dolencia sí muestran estas sensaciones de inflamación y compresión.
  • Entumecimiento. En otras ocasiones, puede no haber sensación de hinchazón pero sí de hormigueo o adormecimiento. En estados avanzados incluso existe riesgo de disminución de la sensibilidad.
  • En los casos más severos de síndrome compartimental crónico, las personas que sufren esta dolencia pueden llegar a padecer impotencia funcional. De esta forma, el músculo afectado no realiza su función correctamente y el paciente es incapaz de realizar contracciones o movimientos completos con la estructura dañada.

Como en todos nuestros artículos relacionados con lesiones, nuestra recomendación es que acudáis sin dudarlo a profesionales de la salud para ellos os diagnostiquen la lesión y sean ellos quien decidan cuál es el tratamiento más adecuado

ENTRENAR A PULSACIONES

Si hay un deporte que está en auge estos últimos años es sin duda el running. Correr es un deporte sencillo que está al alcance de todos y que nos reporta múltiples beneficios. Además de mimar la salud, es un deporte que engancha porque siempre habrá un rival a batir, nosotros mismos. Y eso nos motiva a seguir corriendo más y más kilómetros más y más rápido. Pero para seguir una correcta progresión y evitar molestias o lesiones es necesaria una buena planificación de los entrenamientos.

El entrenamiento debe ser planificado, organizado, controlado y dirigido. No puede ser un conjunto de ejercicios sin un objetivo concreto si se quiere mejorar.

Es una realidad que hay que entrenar duro, esforzarse y sudar mucho pero hay que saber también administrar los esfuerzos durante los días de la planificación de entrenamiento, ya que podemos entrar en un círculo vicioso de sobreentrenamiento y lesiones.

Las pulsaciones son uno de los principales indicadores del ritmo de entrenamiento a la hora de realizar una sesión con cierta intensidad. Saber establecer un intervalo de pulsaciones se traduce en programar un buen entrenamiento que nos permitirá llegar a los objetivos deseados. Por ello en el artículo de hoy os hablaremos de las principales claves a tener en cuenta en el momento de trabajar nuestras capacidades fisiológicas.

El problema de muchas personas en el momento de salir a correr es controlar el ritmo durante toda la sesión o saber cuál es el tiempo idóneo que debe realizar ese determinado entrenamiento.

Si bien entrenar a pulsaciones es un sistema sencillo y práctico, se requiere unas referencias básicas que debemos averiguar antes de hacer nuestra planificación. No todos somos iguales y por tanto no todos los ritmos cardíacos tienen las mismas consecuencias en cada uno de nosotros. Lo que para uno son pulsaciones altas, para otro pueden resultar bajas. Cada cual debe conocer sus valores y sus umbrales.

Básicamente debemos conocer nuestra Frecuencia cardíaca en reposo (la que tenemos cuando dormimos o estamos relajados) y también la Frecuencia cardíaca máxima (FCM), que es la que alcanzamos durante unos instantes en el máximo rendimiento físico. A partir de ahí la clave es trabajar los entrenamientos en base a nuestro umbral anaeróbico, es decir, el punto a partir del cual los músculos empiezan a acumular ácido láctico que suele estar entre el 85-90% de la FCM.

¿Cómo podemos averiguar estos datos? La mejor opción es hacernos una prueba de esfuerzo en un centro especializado. Ahí nos harán las pruebas pertinentes y nos facilitarán estos datos, además de muchos otros datos. Pero en este caso, el umbral anaeróbico será el punto de referencia principal de nuestros entrenamientos a pulsaciones.

Dicho esto y conociendo estas variables, podremos saber exactamente en qué momento de forma estamos y a qué ritmo podemos correr, además de ir viendo poco a poco nuestra evolución.

Cuando hagamos fondo debemos trabajar siempre por debajo del umbral y será en las series donde lo tendremos como referencia. En las series cortas trabajaremos lógicamente por encima. En las largas nos mantendremos en nuestro umbral, superándolo al final del entrenamiento para acostumbrar al cuerpo a acumular ácido láctico.

Como referencia podéis seguir estos baremos:

  • Hasta 60% de FCM para fondo de calentamiento o de vuelta a la calma
  • Sobre 70% de FCM para entrenamientos de resistencia o fondo donde lo que buscamos es acumular kilómetros durante 1hora, o más.
  • Entorno al 80% de FCM para fartleks, por ejemplo, donde buscamos rodajes cortos y rápidos y en los que sólo debemos superar el umbral anaeróbico al final de la sesión.
  • Y por último, entre 85-90%, en los entrenamientos específicos para trabajar el ritmo competición, incluso más rápido. Aquí se incluiría el trabajo con cuestas, por ejemplo.

La combinación de estos entrenamientos en una correcta planificación deportiva y siempre guiada o tutelada por un profesional del deporte repercutirá en nosotros con una controlada y progresiva mejora del rendimiento.

El principal hándicap de este tipo de entrenamiento será llevar bien colocada la cinta cardíaca, que a veces puede resultar molesta, o hacernos con un buen reloj con pulsómetro para medir nuestro ritmo cardíaco.