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LA CINTILLA ILIOTIBIAL

En los últimos años, ha habido un aumento significativo de la práctica de actividad física en la población. Las actividades más realizadas son sobre todo, las relacionadas con la carrera (running). Este tipo de actividades nos reportan muchos beneficios: mejora de la salud, prevención de enfermedades, alivia estrés, fortalecimiento de las estructuras óseas, etc, pero a su vez, pueden causar lesiones de la extremidad inferior por sobreuso, y concretamente en la zona de la rodilla (Rieger, 2014). En CLOCKWORK, focalizamos el trabajo en el rendimiento de nuestros alumnos (con las cargas de entrenamiento que ello conlleva), pero a su vez, no dejamos de lado la prevención de lesiones y la readaptación de las mismas. La mayoría de nosotros hemos padecido o hemos visto de cerca, lesiones en el tren inferior, sobre todo al iniciarnos en la carrera o en los periodos con más carga.

A continuación presentamos las más frecuentes según Armengol (2012):

  • Isquiotibiales: Se producen por descompensanciones entre cuádriceps y los propios músculos isquiotibiales, a parte de deficiente trabajo excéntrico.
  • Lesión de rodilla: Inflamación en cartílago, generalmente debida a una técnica deficiente y debilidad en glúteo y cuádriceps.
  • Periostitis tibial: Muy común en corredores novatos, exceso de entrenamiento, impactos o tipos de calzado o exceso de entrenamiento.
  • Fascitis plantar: Inflamación de la fascia, desde talón a los dedos debida a un mal calzado o exceso de entrenamiento.
  • Síndrome de la cintilla iliotibial: Lesión típica en corredores. Inflamación de la parte lateral de rodilla, producida sobre todo, por la fricción de la banda iliotibial contra el cóndilo lateral femoral.
  • Fracturas por estrés: Producida por presión acumulada en tibia, metatarsos y calcáneos, principalmente.

De todas ellas, profundizaremos en la lesión de la cintilla iliotibial, una de las más comunes en los corredores principiantes.

El síndrome de la cintilla iliotibial, también conocido como síndrome de la banda iliotibial o síndrome de la rodilla de corredor, es un cuadro clínico frecuente, sobre todo en deportistas que participan en actividades físicas de resistencia. Se caracteriza por dolor agudo en la cara externa de rodilla, el cual se ha asociado con una flexo-extensión repetitiva de rodilla en combinación con una cintilla iliotibial tensa.

Es la causa más común de dolor en la cara lateral de la rodilla, con una incidencia entre 1,6% y 12% de la lesiones en corredores. También suele diagnosticarse a menudo en ciclistas, con una prevalencia entre el 15% y 24%. Se establece que el síndrome de la cintilla iliotibial alcanza el 22% de las lesiones de la extremidad inferior.

Ya en 1975, Renne lo  describió como una situación dolorosa e incapacitante en la región externa de la rodilla al soportar peso a 30º de flexión de la rodilla y la exacerbación de dolor después de un entrenamiento de resistencia, en una muestra de pacientes del cuerpo de marines de EEUU. Actualmente, a raíz de este estudio, se emplea de test de Renne para identificar el dolor en el síndrome de la cintilla iliotibial, que consiste en la aparición de dolor a lo largo de la cintilla iliotibial cuando el paciente realiza una flexión activa de rodilla alrededor de los 30º( Varela, 2015).

La estabilidad del muslo y la cadera cuando corremos está garantizada por la fuerte “fascia lata” que llega hasta la cara externa de la rodilla y que puede inflamarse incapacitando al atleta para la carrera rápida.

Desde los glúteos a la rodilla, por la parte externa del muslo, transcurre un tracto fibroso llamado “fascia lata” que, con extraordinaria fuerza, tira de la rodilla, enderezándola en la extensión de la pierna, resultando por este motivo muy importante su función en el desarrollo de la zancada al correr. Se puede ver a esta formación fibrosa sobresalir como una banda fuerte y tensa justo por el lado externo del muslo y rodilla, especialmente en atletas musculosos. Cerca de la rodilla, el “tracto iliotibial” pasa por encima del borde externo del fémur y tiene debajo pequeñas bolsas de fluido para amortiguar el roce sobre dicho hueso.

Un cambio en la pauta normal de nuestros movimientos por correr sobre superficie muy dura (asfalto) o muy blanda (terreno embarrado), por correr en fuertes pendientes (carrera de montaña) o sencillamente por aumentar la intensidad de los entrenamientos hace que haya fricción entre la “cintilla iliotibial” y los tejidos adyacentes originando inflamación y dolor muy invalidante para el corredor.

Un dolor que se presenta súbita o gradualmente cuando intentamos correr o si estamos descansando, cuando hemos andado mucho o hemos estado mucho tiempo de pie, nos hace sospechar esta afección característica de la carrera a pie. Está muy localizado en la parte externa de la rodilla, extendiéndose bajo el borde inferior de la rótula hasta el mismísimo tendón rotuliano, con el que puede imbricarse falseando el diagnóstico. Es un dolor que comienza casi al empezar a correr y a los pocos minutos impide seguir. Su intensidad aumenta con las irregularidades del terreno y corriendo cuesta abajo. Cede con el reposo y vuelve con el ejercicio.

La mayoría de las veces se siente un “clic” característico que acompaña a la sensación de roce doloroso cuando hacemos zancada, al flexionar y extender la rodilla, por roce con la parte prominente del borde del fémur.

Ubicación de la cintilla iliotibial y zonas de dolor en el síndrome de la cintilla iliotibial (Silvan,2001).

El tratamiento conservador responde satisfactoriamente en el 94% de los casos reservándose la intervención quirúrgica para procesos de SCIT que tienen sintomatología y la limitación funcional de más de 6 meses de evolución a pesar del tratamiento conservador.

Las guías clínicas recomiendan en un estadio agudo: la modificación de la actividad, masaje con hielo local, modalidades terapéuticas para disminuir la inflamación local (ingesta de antiiflamatorios no esteroideos y/o inyección de corticosteroides en casos severos). En una fase subaguda se proponen programas de estiramientos, terapia manual de los tejidos blandos y ejercicios progresivos de fortalecimiento.

REFERENCIAS:

Armengol, J.C. (Marzo 26, 2012). 16734 campeones en la calle. El periódico de Catalunya. Recuperado de http://www.elperiodico.com/es/noticias/deportes/16734-campeones-calle- 1588090.

Camarena, D. S. B., & Rieger, E. D. PROPUESTA PREVENTIVA PARA EL SÍNDROME DE LA BANDA ILIOTIBIAL EN CORREDORES DE FONDO ADULTOS.

Silván, H. (2001). Manual de lesiones del corredor. Prevención y tratamiento Grupo Arthax. Madrid.

Varela, M. S. (2015). Caso clínico: síndrome de la Cintilla Iliotibial. REDUCA (Enfermería, Fisioterapia y Podología), 7(2).

MENISCOS Y RUNNING

Parece absurdo tener que recordar que la rodilla es una de las articulaciones más importante del cuerpo humano y más todavía si hablamos de deportistas o en nuestro caso, de corredores.

La articulación de la rodilla está formada por importantes huesos, el fémur y la tibia, y además de éstos encontramos la rótula por su parte anterior. Dicha articulación permite los movimientos de flexión y extensión.

Está rodeada por una capsula articular y varios ligamentos que le dan estabilidad. Es aquí donde entran en juego los meniscos.

Si buscamos la definición de meniscos encontraremos que son “fibrocartílagos en forma de semiluna que rellenan los espacios comprendidos entre superficies articulares del cuerpo, y poseen la función de estabilizar la articulación y servir de tope para los movimientos exagerados de la misma; además absorben el impacto de choque entre las superficies articulares, aumentando la superficie de contacto”. En el caso de la rodilla, tenemos un menisco en la parte interna de la rodilla y otro en la parte externa. Ambos están fijados a la parte superior de la tibia y también en contacto con el fémur, actuando como amortiguador cuando la rodilla soporta cargas.

Ambos meniscos son más gruesos por los laterales y más delgados por su parte interna. Estos meniscos ayudan a la lubricación y a la nutrición a través del líquido sinovial al realizar movimientos de flexo-extensión y cargas y descargas de peso. Además, actúan como estabilizador de la rodilla

Una vez hecho este pequeño repaso anatómico no es de extrañar que en deportes o actividades físicas donde existe un impacto continuo como en el running, fútbol, etc. sea una de las molestias más comunes. Aunque no es precisamente este continuo impacto el que provoca la lesión sobre éstos. Las lesiones de menisco suelen producirse como consecuencia de un movimiento de torsión o un golpe. Lo que sí que es cierto es que con la edad y el paso de los años la capacidad de reparación se reduce y ante altas exigencias con cargas elevadas los meniscos comienzan a degenerarse.

Por tanto, podemos concluir que correr no provoca lesiones en el menisco pero personas que si tienen alguna lesión en los meniscos suelen sufrir cierto dolor doblan la rodilla o la bloquean.

Factores que favorecen la ruptura:

  • Insuficiencia muscular
  • Sobrepeso
  • Laxitud ligamentosa
  • Desviación de rodillas en valgo o en varo

Síntomas de rotura de menisco

  • Dolor: aunque no existe una zona definida con el tiempo se suele ubicar en la parte posterior de la rodilla
  • Antecedentes: No hereditarios/genéticos sino traumáticos, es decir, haber sufrido una acción violenta con torsión o un golpe
  • Derrame sinovial: salida del liquido sinovial de la cápsula
  • Bloqueo de la rodilla como respuesta al dolor
  • Chasquido

Como siempre que hablamos de lesiones, recurrimos a la fisioterapia para poder explicaros un poco mejor todo lo relacionado con la rotura de meniscos. Para ellos os dejamos un vídeo mas ilustrativo para que os quede un poco más claro.